Cómo hacer un terrario paso a paso (abierto o cerrado)
Aprende a hacer un terrario casero paso a paso: el recipiente, las capas de drenaje, qué plantas usar (fitonia, musgo, helechos) y cómo cuidarlo después.

En este artículo
Un terrario es un pequeño jardín dentro de un recipiente de cristal: un mundo verde en miniatura que cabe en una mesa y que, bien montado, casi se cuida solo. Es uno de los proyectos más bonitos para iniciarse en las plantas, y necesitas muy pocos materiales. Aquí tienes la guía completa para montar el tuyo paso a paso.
Terrario abierto o cerrado: cuál elegir
Lo primero es decidir el tipo, porque condiciona las plantas y los cuidados:
- Cerrado: un recipiente con tapa. Recrea un ambiente húmedo y casi autosuficiente, ideal para musgos, helechos y plantas tropicales pequeñas. Se riega muy de vez en cuando.
- Abierto: sin tapa, con más ventilación. Perfecto para cactus, suculentas y plantas que odian el exceso de humedad. Necesita riegos puntuales.
Si dudas, empieza por uno cerrado con plantas de selva: son los más espectaculares y los que mejor mantienen la humedad.
Materiales que necesitas
- Un recipiente de cristal transparente (un bote, una pecera, una bombona).
- Gravilla o arcilla expandida para el drenaje.
- Carbón activo (evita que el agua se pudra y aparezcan malos olores).
- Sustrato adecuado a tus plantas.
- Plantas pequeñas y, si quieres, musgo.
- Decoración opcional: piedras, ramas o cortezas.
Las plantas ideales para un terrario cerrado
Busca especies pequeñas, de crecimiento lento y amantes de la humedad:
- Fitonia: la reina del terrario, con sus nervios blancos o rosas. Si quieres conocerla mejor, lee nuestra guía de la fitonia.
- Helechos enanos y musgo, que tapizan el suelo de verde.
- Plántulas de hiedra o pequeños pilea.
Evita meter suculentas o cactus en un terrario cerrado: la humedad acumulada los pudre en pocas semanas.
Montaje paso a paso
- Capa de drenaje: echa 2-4 cm de gravilla o arcilla expandida en el fondo. Como el recipiente no tiene agujeros, esta capa recoge el agua sobrante y evita que las raíces se encharquen.
- Capa de carbón: espolvorea una fina capa de carbón activo sobre la gravilla.
- Sustrato: añade una capa generosa (5-8 cm) de tierra, con un pequeño desnivel si quieres dar profundidad visual.
- Planta: haz un hueco con una cuchara, coloca cada planta y aprieta la tierra alrededor de las raíces. Empieza por las más grandes al fondo.
- Musgo y decoración: cubre los huecos con musgo y añade piedras o ramas al gusto.
- Primer riego: pulveriza con agua hasta humedecer el sustrato sin encharcar. Limpia las paredes con un papel para quitar restos de tierra.
Cómo cuidarlo después
El secreto de un terrario es no pasarse de riego. La belleza de un cerrado es que recicla su propia agua: el vapor se condensa en las paredes y vuelve a caer.
- Riego: en uno cerrado, una pulverización ligera cada pocas semanas suele bastar. En uno abierto, riega cuando el sustrato se seque.
- Luz: mucha luz indirecta, nunca sol directo. El cristal actúa como una lupa y cocinaría las plantas.
- Ventilación: si ves demasiada condensación o aparece moho, destapa unas horas.
- Mantenimiento: poda lo que crezca de más y retira hojas secas para mantener el equilibrio.
Problemas frecuentes
- Paredes siempre empañadas: exceso de humedad. Destapa unas horas al día hasta equilibrar.
- Moho blanco o gris: demasiada agua y poca ventilación; retira la parte afectada y airea.
- Plantas estiradas: les falta luz; acércalo a una ventana luminosa sin sol directo.
- Hojas amarillas: suele ser exceso de agua. Si no tienes claro qué le pasa, prueba nuestro diagnóstico con IA con una foto.
Un proyecto que dura años
Un terrario bien montado y bien ubicado puede vivir años con un mantenimiento mínimo. Es la manera perfecta de tener verde en un escritorio, una estantería o un baño con luz. Empieza sencillo, observa cómo evoluciona tu pequeño ecosistema y ve añadiendo detalles. Te sorprenderá lo poco que pide a cambio de lo mucho que aporta.
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